lunes, 21 de mayo de 2012

Día 19




La noche era clara, no había ninguna nube en el cielo, las estrellas se apreciaban con nitidez, brillantes, luminosas y a la vez misteriosas, confusas, diferentes. A pesar de no haber ninguna diferencia entre el reino celestial que en ese momento observaban mis ojos y el de mi añorado planeta, tenía una extraña sensación de no hallarme en el lugar correcto. Por algún raro motivo sabía que aquel cielo no era el mio. Mi mirada abandonó el infinito paraíso celeste y se concentró en el rojo y sudado rostro de mi amigo Dany. Sus pequeños ojos inquietos me observaban, esperando algún tipo de reacción en mí.

-No voy a decir nada.-Por fin respondí-. No quiero condenarte a una muerte segura. Ni siquiera estamos seguros de que tu enfermedad esté relacionada con la infección, tal vez sea la consecuencia de tus heridas en el ataque.

-¿De verdad crees que puede que no esté infectado? -Me preguntó un esperanzado Dany.

-Claro que lo creo. Además si estuvieras infectado serias el primero en saberlo e intentarías por todos los medios ocultarlo para ser otro infiltrado, ¿no crees?

-Supongo, aunque también existe la posibilidad de que te esté mintiendo.

-¿Lo haces?

-No, o eso creo.-Me respondió rascándose la cabeza mientras yo le escrutaba con la mirada.

-Lo primero es pedir ayuda a alguien de confianza, alguien que tenga conocimientos médicos.

-Pero, ¿y si Ramírez me delata?

-Ramírez no contará nada, ni siquiera cree en la infección.

-¿Y el capitán Bradley?

-¿Qué pasa con él? –Pregunté sorprendida.

-Es evidente que al saberlo Ramírez lo sabrá el capitán.

-Por Bradley no habrá ningún problema, ya sabes lo estricto y leal que es con sus hombres. Nunca te entregaría al otro bando, es un hombre de principios. Puede que llegado el momento sea él mismo quien te ejecute con sus propias manos, pero solo si la cosa se pone fea y no hay más remedio que hacerlo.-Dije propinando unas pequeñas palmaditas en el hombro derecho de mi amigo para tratar de tranquilizarle.

-¿Ejecutarme?-Dany tragó saliva nervioso.

-No te preocupes más, en peores nos hemos visto.-Sonreí a Dany-. No te muevas, ahora mismo vengo.

En pocos minutos me volvía a encontrar a los pies de la cama de Dany mientras un preocupado capitán se rascaba la barba de varios días y Ramírez examinaba las heridas.

-Como imaginaba las heridas están infectadas.-Indicó Ramírez-. La saliva humana está llena de bacterias y este hombre ha sido mordido por todo el cuerpo. La fiebre es normal en estos casos, remitirá con la ayuda de antibióticos.

-¿No estoy infectado?

-Claro que no. Ni si quiera creo que la tal infección exista.-Respondió molesto Ramírez.

-¿Y como conseguimos los antibióticos sin que nadie se entere que este está enfermo? Preguntó Bradley.

-Yo tengo libre acceso a las instalaciones, no me será difícil robar un poco de amoxicilina.

-Si te descubren no tendrás a nadie ahí fuera que te proteja. Estarás sola.

-Nadie se enterará.-respondí al capitán.


A la mañana siguiente salí de la jaula y visité las instalaciones centrales del campamento. Allí se encontraba la sala de reuniones, el despacho de Oleg, la enfermería y varias habitaciones llenas de medicamentos, camillas, utensilios médicos e infectados a los que se les realizaba todo tipo de estudios para tratar de detectar, diagnosticar y curar la temida infección que nos hacía permanecer en este horrible planeta a pesar de poseer medios para poder abandonarlo.

Curioseé varias salas vacías hasta toparme con un armarito lleno de antibióticos. Con mucho sigiló abrí la portezuela de cristal la cual no tenía ningún tipo de candado u otra seguridad y  me apoderé de varios frasquitos fríos. Los escondí en uno de los bolsillos de mi pantalón y caminé hasta adentrarme en otra sala.

En aquella nueva estancia se realizaban pruebas médicas con un individuo que se hallaba atado con correas de cuero negro, inmovilizado y tumbado en una camilla metálica iluminada con enormes y cegadores focos. Oleg seguía de cerca todos los pasos realizados por los médicos, incluso exigía que se le fuera explicando cada detalle, cada dato medico, sin importar lo complejo que fuera o lo complicado y raro nombre que tuviese cada medicamento aplicado al paciente. Al acercarme un poco más, este se percató de mi presencia y me invitó a participar.

-Es importante que conozcas las pruebas que realizamos a los infectados. Quizás una cabecita tan despierta como la tuya de con algo que a nosotros se nos escapa.-Me indicó Oleg mientras me colocaba en un lugar privilegiado de la sala para que pudiera seguir los experimentos.-La cara de este infectado te sonará mucho, ¿no es así?

-Si, claro, es el que intentó matarme.-Respondí muy seria.

-Hoy solo están aplicando fármacos experimentales al individuo, quizás tengamos suerte y alguno le ponga azul.-Sonrió Oleg-. Sin duda eso sería muy interesante para detectar a los infectados.-Yo le respondí con una mueca que intentaba ser una falsa sonrisa-. Las pruebas de mañana son a mi gusto las más interesantes.
-¿Cuáles son? –Pregunté muy interesada.

-Mis brillantes médicos realizaran al paciente su autopsia.

-¿Autopsia? ¿Esa prueba médica no se realiza a los muertos?

-Un hombre que se alimenta de otros hombres para mi ya lo esta. Además la parte en que se le abre el cerebro al paciente mientras aun está consciente es la que más me divierte.-Sonrió macabramente Oleg-. ¿Asistirás?

-Claro, no me puedo perder como le diseccionan el cerebro al hombre que hace pocas horas intento comerme, tiene que ser súper entretenido.-Respondí sarcásticamente, aunque Oleg pareció entender lo contrario.

En la habitación entró un hombre calvo, con bata de color azul. Se aproximó a Oleg y tras susurrarle varias palabras al oído, Oleg comenzó a gritar.

-¿Cómo desaparecidos? Unos medicamentos no pueden desaparecer. Hagan una inspección hombre por hombre. Si es necesario desnúdeles a todos. ¡Quiero el nombre del responsable!

-Si, señor.

Oleg permaneció unos instantes en silencio y después ordenó terminar con la investigación.

-Sé que estabas disfrutando con las pruebas médicas realizadas pero debo suspenderlas por hoy.-Me dijo Oleg.

-¿Que sucede?-Pregunté haciéndome la inocente, aunque yo ya sabía de que se trataba.

-Me da vergüenza comentárselo pero debe saberlo.-Exclamó Oleg preocupado-. Uno de mis hombres ha robado medicamentos de la sala de medicinas. Pero no se preocupe, es cuestión de minutos que conozca la identidad del ladrón.

-No dudo que lo haga, confío plenamente en sus capacidades de mando.-Traté de agradarle.

-Gracias.-Me respondió Oleg-. Puede abandonar estas instalaciones cuando desee, solo le realizaran un pequeño registro rutinario a la salida.-Yo asentí, indicándole que estaba totalmente conforme con aquello.

Me dirigí a los baños nerviosa, necesitaba pensar como sacar de allí los antibióticos sin ser descubierta, la vida de Dany estaba en juego. Me metí en uno de los habitáculos y bajé la tapa del retrete para sentarme. No podía salir con aquellos frasquitos en el bolsillo de mi pantalón, en el registro rutinario los detectarían. Permanecí varios minutos sentada hasta que reparé en la ventana con rejas que había detrás de mí. Podía intentar tirar los frasquitos y más tarde, cuando hubiera salido de las instalaciones recogerlos, pero era una segunda planta y dudaba de la resistencia de las botellas. Lancé solo una como prueba y a pesar de que el suelo estaba cubierto de un césped verde, largo y blandito, el recipiente de cristal se rompió. Di varias vueltas por el habitáculo rectangular temblorosa, respiré aire por la nariz y volví a pensar. Mis ojos se fijaron en el rollo de papel higiénico que colgaba de un bonito aplique en la pared, lo cogí y usé el papel para envolver varios frasquitos en el. Una vez bien envueltos los lancé por la ventana con la esperanza de que esta vez se salvaran, pero estos se escurrieron del rollo de papel y cayeron, rompiéndose contra el suelo.

-¡Que voy hacer!-Exclame en alto.

Los nervios se apoderaron de mí, ya casi no me quedaban frascos y no debía permanecer por más tiempo en el baño o sospecharían de mí. 

-Quizás pueda esconderme alguna medicina entre la ropa.-Pensé, pero enseguida me acordé de las palabras de Oleg: “Si es necesario desnúdeles a todos” ¿Que pasaría cuando me quitara la camiseta y descubrieran los antibióticos escondidos en el sujetador?

Entonces se me ocurrió una última posibilidad. Me desvestí a toda prisa y me volví a vestir dejándome el sujetador. Este tenía unos pequeños bolsillos o aberturas por donde se metía y se sacaban unas pequeñas almohadillas también conocidas como relleno de sujetador. Metí los frascos por los agujeros  y rellené el resto del espacio de los compartimentos con papel higiénico hasta estar segura de que nada saldría de allí. Recé un ave María, cuatro padre nuestros y lancé el sujetador por la ventana. Esta vez funcionó.

Alegre y feliz esperé la cola del registro de salida del recinto. Uno a uno íbamos pasando a una salita donde los guardias realizaban el registro. Solo tuve que esperar media hora para mi turno. Un hombre alto, con barba, nariz torcida y armado hasta las cejas me dio paso para que entrara en la salita de registro.

-Por favor vacíe y vuelva del revés todos sus bolsillos.

-Me vacíe cada uno de los numerosos bolsillos de mi pantalón, dejando encima de la mesa varios pañuelos de papel usados y mi llavero cuidadosamente cerrado para que no descubriera la cuenta atrás.

-Muy bien.-Dijo el guardia después de haber apuntado el contenido de mis bolsillos en una libreta.

A continuación el hombre me pasó algún tipo de detector y pude salir de allí libre, recuperando minutos después los frascos intactos que media hora antes había lanzado por la ventana de baño.


En cuanto regresé a la jaula, Ramírez administró los antibióticos a Dany con una jeringuilla del maletín de primeros auxilios.

-Creo que con estos frascos será suficiente para que mejore.-Indicó Ramírez.

-Menos mal, ya me veía otra vez tirando el sujetador por la ventana.-Respondí sonriendo mientras los demás se miraban sin entender nada.

-¿No te habrás arriesgado mucho por mi?-Preguntó Dany.

-No, fue sencillo.-Le sonreí.

-¿El que fue sencillo?-Nos sorprendió Jared.

Nada que te importe.-Respondió el capitán Bradley.

Jared miró al capitán con desprecio y se dirigió a mí:

-¿Qué sucede?

-Nada, solo charlábamos.-Intenté disimular.

-Pensaba que después de salvarte la vida teníamos más confianza. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.-Dijo Jared acariciándome el cabello.

-¡Ya esta bien!-Interrumpió Bradley propinando un golpe en la mesa y agitando los frascos.

- ¿Y que son esos frascos?-Jared trató de coger uno pero Ramírez los guardó en su maletín de primeros auxilios.

-Lárgate Jared.-Dijo el capitán-. No me gustas. No eres de fiar.

-Bradley.-Le interrumpí-. Me salvó la vida, creo que se merece que me fie de él, tiene derecho a saber lo que pasa-.Recordé como Jared guardaba el secreto del escondite de la tarjeta electrónica-. Sabe guardar un secreto-.Dije en voz alta.

Todos me miraron desconfiados, parecía ser la única que se fiaba de él.

-Jared.-Dije dirigiéndome a él-.Dany está enfermo.

-Soy hombre muerto.-Susurró mi amigo.

                    

 

jueves, 19 de abril de 2012

Día 18




La sala era fría, con un cierto olor a desinfectante y a metal. La luz intensa de las lámparas iluminaba la camilla blanca en la que me hallaba tumbada, enmarcando mis heridas. Una mujer de bata blanca y mascarilla en la cara me desinfectaba el corte de la frente. Tras la desinfección me aplicó una anestesia local y comenzó a realizar la delicada tarea de coser, zigzagueando con el hilo y la aguja por mi rostro. Al terminar, cortó el hilo y examinó el resto de las heridas que cubrían mi cuerpo. Estas al ser de menor gravedad solo requirieron limpiarlas con una gasa húmeda. La mujer se dio cuenta de mi vendaje en la muñeca y quiso husmear en mi pequeño secreto, retirando la venda.

-Esto ya lo tenía antes. No hace falta que me lo quites.-Dije apartando mi muñeca de las zarpas de la enfermera.

-¿Qué ocultas ahí? ¿No estarás infectada?

-Una persona no se infecta con una herida.-Dije engurruñando las cejas.-Solo se transmite comiendo carne contaminada.

-Se puede enfermar por una herida, yo he visto un caso, así que déjame ver que tienes ahí, niña.-Insistió la enfermera.

-La persona que enfermó, ¿Cómo se hizo la herida?-Pregunté mientras sujetaba la venda con mi mano izquierda.

-Un infectado le mordió.-Me respondió de forma seca.

No pude evitar acordarme de Dany y la cantidad de mordiscos que le propinaron los infectados cuando fuimos acorralados en el bosque.

-María.-La voz seca de Oleg me hizo despertar de mi ensimismamiento.

-¿Qué…?- Al levantar el rostro hacia Oleg me di cuenta de que los hombres armados que le acompañaban arrastraban semiatados a Jared y a Bradley.

-Tus hombres han escapado. Ese no era el trato.

-Mis hombres no han escapado, solo me han defendido de un infectado.-Dije alzando la voz y levantándome de la camilla.-Si no es por ellos, no estaría viva y no tendría con quien mantener el trato.

-Agredieron a dos de mis mejores hombres para escapar.

-No serían tan buenos si se dejaron golpear.-Jared soltó una carcajada y uno de los soldados le golpeó en la cara.-Quiero que a ese que acaba de propinar un golpe a mi amigo se le castigue como es debido.

-No lo veo necesario.-Respondió Oleg sonriendo.

-Pues yo creo que si, hace pocas horas usted me dijo que su campamento era mi campamento. ¿Quién es ahora el que incumple el pacto? Además, recuerdor que el motivo de mantener a mi grupo encarcelado no era más que una precaución para que no infectáramos a su maravilloso, limpio y no infectado campamento.-Caminé unos pasos hasta ponerme justo enfrente de Oleg. Quizás son los suyos los que deben estar en cuarentena.

-Si olvidáis que el hombre infectado era de los míos, yo olvidaré que estos dos se han escapado y sancionaré a Yuri por la agresión.

-Para mi no ha pasado nada y ahora si me disculpa mis dos amigos y yo nos vamos a descansar.



Al regresar a la jaula pude comprobar los cambios que había realizado Oleg en ella. Varias hileras de camas inundaban el habitáculo central, a la derecha una improvisada mesa circular acompañada de rectas y robustas cajas de madera que hacían la función de taburetes, formaba  el comedor. Al fondo unas mamparas opacas ocultaban el fabuloso y maravilloso agujero en el suelo que parecía ser el retrete.

-Gracias por mediar con Oleg.-Dijo el capitán Bradley.

-No es nada, vosotros me salvasteis la vida, es lo mínimo que podía hacer.

-¿Estas muy mal herida? –Me pregunto Bradley mientras apartaba mi flequillo para mirar la gasa que cubría mi frente.

-No es nada, podía haber sido peor.-Sonreí-. Si Jared no llega a llegar en ese momento me había devorado ese asqueroso infectado.

-Si, claro.-Respondió el capitán agachando la cabeza.


Aproveché el ajetreo de la cena para irme a la zona más solitaria y oscura de la jaula acompañada de Pokito. Allí mientras acariciaba a mi leal y fiel amigo, oculté la tarjeta electrónica en su collar. Sabía que nadie la buscaría allí y si lo hacían Pokito se aseguraría de que no se la llevasen.
-Has hecho un trato con Oleg por esa tarjeta y resulta que siempre la has llevado en el bolsillo de tu pantalón.

-¿Jared?-Dije al ser descubierta.

-Tranquila, no diré nada a nadie y tampoco creo que tu chucho me deje quitársela.

-No, no lo hará.

-¿Te encuentras bien?-Me preguntó Jared mientras me retiraba su mirada.

-Estoy bien, al final no me pasó nada. Gracias por salvarme.-Respondí un poco avergonzada.

-Eres importante para este grupo, sin ti estaríamos ahí fuera con los animales hambrientos, aquí al menos tenemos esta celda tan bonita.-Jared golpeó los barrotes de la jaula sonriendo.

-¿Cuando supiste que tu hermana estaba infectada?-Pregunté sorprendiendo a Jared.-Si no quieres no me respondas.-Dije al ver la tristeza en su cara.

-Realmente lo supe aquel día en la playa, cuando John no tuvo más remedio que matarla.-Jared hizo un pequeño silencio para respirar profundo y coger fuerzas-. Sospechaba que estaba infectada cuando cayó enferma, todos los síntomas lo indicaban pero yo no quería creerlo. Una mañana al levantarme, había desaparecido y a pesar de que organicé partidas en su búsqueda, jamás la encontré. Creo que siempre tuve la esperanza de que estaría bien.-Jared miró la luna llena y yo no supe que decir.



Al llegar la noche fui a dar las buenas noches a Dany. Había estado todo el día muy callado y eso no era normal en él. Necesitaba comprobar que estaba bien y no había enfermado, después de mantener aquella conversación con la enfermera, las heridas de Dany me preocupaban.

-¿Dany? –Pregunté al encontrarle acostado.

-Hola, María.-Me respondió casi susurrando.

-¿Estas bien?

-Si, no te preocupes.

El sudor le recorría la cara y su rostro estaba más rojo de lo normal. Coloqué mi mano en su frente y pude comprobar que tenía fiebre.

-Dany, no estas bien, tienes una fiebre muy alta.-Susurré a mi amigo para que nadie se enterara.-Estas enfermo.

-Si lo estoy, pero por favor, no digas nada.   

  
                

lunes, 2 de abril de 2012

Día 17



-¿Nunca?

-Entenderá que no podemos infectar a más gente.

-¡Pero si seguimos aquí nos infectaremos todos!

-Entonces ayúdeme a encontrar una cura o al menos a detectar quien tiene la enfermedad.

-¿Yo? No soy médico, aunque en mi grupo contamos con un experto en Biología y Zoología, el soldado Ramírez, el quizás pueda…

-Contaremos con Ramírez para nuestras investigaciones médicas-.Me interrumpió Oleg.- Pero la necesito a usted.

-¿A mi?

-Tiene un enorme potencial. A pesar de ser una jovencísima y delgaducha mujer, ha conseguido estar al mando por encima de un condecorado y rudo capitán, y de un malcriado y poderoso millonario. Seguro que encuentra la forma de solucionar el problema.

-Ni soy delgaducha, ni estoy al mando.-Dije ofendida mientras cruzaba los brazos-. Solo poseo la tarjeta electrónica.

-¿seguro? Piénselo.-Oleg pulsó un botón de su escritorio y de inmediato apareció uno de sus hombres para llevarme de nuevo a la jaula.

-Un momento, ¿no pensará encerrarme?

-Necesita pensar mucho si quiere encontrar la solución a nuestro problema y que mejor lugar para recapacitar que la jaula.

-¡Me niego!, si hace eso no hay trato. Necesito saber que cuando le entregue la tarjeta no se marchará sin mí, necesito confiar en usted y para ello debe demostrármelo a partir de ahora. Prefiero destruir la tarjeta y morir en este planeta que compartirla con alguien dispuesto a traicionarme.

-Y luego dice que no está al mando.-Dijo Oleg rascándose la barbilla-. Quiero esa tarjeta así que me ganaré su confianza, desde ahora en adelante mi campamento es su campamento, pero entenderá que necesito mantener la cuarentena de su grupo. Solamente usted podrá pasear por las instalaciones sin restricciones y sin vigilancia, mientras los demás permanecen en las jaulas. Pediré que la preparen una bonita y cómoda habitación cerca de estas instalaciones.

-Entiendo sus precauciones, por eso quiero que las celdas sean rehabilitadas con todo lujo de detalles para la comodidad de mis hombres y de la mía propia, soy uno de ellos así que viviré como ellos.

-Es una mujer sorprendente.-Sonrió Oleg-. Esta noche estará todo preparado. 


     
 Los hombres de Oleg estuvieron todo el día rehabilitando las jaulas para que fueran lo más confortables posibles. El ir y venir de maderas, colchones y otros trastos les tenía muy ocupados así que aproveché el jaleo y mi nueva condición de libertad para dar una vuelta por las instalaciones. Eran tal cual las habíamos visto la noche de nuestra llegada. Las casas de madera oscura se organizaban en sectores, los pequeños jardines aportaban colorido y un dulce olor a jazmín y tierra mojada, las calles circulares daban a parar a la plaza principal donde los niños corrían y jugaban con total libertad. El edificio de dos plantas que servía como centro neurálgico para la investigación de la misteriosa enfermedad y de base de control de Oleg se encontraba en dicha plaza. Hacía pocas horas que había estado en él y no tenía ningún interés en volver, el interrogatorio me había puesto de mal humor, así que decidí seguir caminando y respirar aire fresco para pensar.

Deambulé por las calles hasta que se terminaron y continué mi paseo por la arena, rozando mis manos por los árboles y pisoteando los huertos con descaro. Oleg buscaba mi confianza y yo tenía que ponerla a prueba, la perdida de unas cuantas lechugas parecía un buen comienzo. Al fondo del huerto yacía una pequeña caseta, me acerqué a cotillear. La puerta estaba cerrada con un candado, tomé una piedra y lo rompí de un golpe. Dentro, un fuerte olor a humedad me hizo taparme la cara. Varias herramientas de jardinería se amontonaban en una esquina sin ningún orden aparente. Al fondo en una destartalada mesa había varias cestas tapadas con telas. Rebusqué en ellas pero no encontré nada. Levanté la mirada y ojeé a través de la ventana. El viento movía las ramas de los árboles y agitaba unos pequeños chamizos que se encontraban a poca distancia. Estos llamaron mi atención y me dirigí hacia allí. Los chamizos resultaron ser casas viejas y habitadas a pesar de no tener luz, ni grifos por donde salir agua. Las puertas estaban abiertas y la gente entraba y salía de ellas sin ningún reparo. Me acerqué a una ventana y miré por ella, dentro varias mujeres zurcían ropas viejas y muy usadas. Me dirigí a otra casa y eché un vistazo a través de la puerta, allí varios hombres hacían cola para que otro que se encontraba sentado golpeando con un mazo, les arreglara los zapatos o afilase los cuchillos. No había duda, me había topado con un mercado.  Visité varias casas más hasta que me tropecé con una que me fascinó, su aspecto era oscuro y lúgubre, muy diferente a las demás. Su decoración estaba compuesta por cabezas de animales disecadas y dibujos de mariposas y tribales. En su interior solo se encontraba un hombre que se entretenía coloreando un dibujo de una chica con grandes pechos y un vestido minúsculo. El hombre vestía una camiseta sin mangas, dejando al descubierto sus brazos tatuados con serpientes y cruces. La tienda estaba vacía y eso suponía que nadie más, salvo el hombre tatuado y yo, se enteraría de mis secretos planes que puede que en un futuro no muy lejano me salvaran la vida. Me armé de valor, sabía que aquello me dolería pero debía ser valiente, respiré hondo y entré.

Una hora más tarde me encontraba de regreso a la jaula, con la muñeca derecha vendada y muy dolorida, ocultando mi nuevo y único tatuaje. Estaba cansada, la exploración por el campamento me había agotado, solo quería llegar y dormir hasta mañana. Además tenía ganas de ver a Pokito, el cual me estaría esperando fiel y leal en la nueva y rehabilitada jaula. Estaba ensimismada en mis pensamientos cuando sentí un golpe en la cabeza, caí al suelo aturdida pero aun consciente. Un hombre me agarró por los brazos y me arrastró hacia el interior de una de las casas. No me había dado cuenta que me había estado siguiendo y ahora ya era tarde. Intenté levantarme pero las piernas me temblaron y me desplomé en el suelo. Miré a mí alrededor, quería saber al menos que aspecto tenía la cara de mi raptor pero él estaba de espaldas, afilando un cuchillo de la cocina.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mi?-Conseguí decir entre balbuceos.

El hombre se giró y pude al fin verle la cara pero como no le había visto nunca, me quedé igual que como estaba. Sabía que era un hombre joven de unos treinta tantos, pelo moreno, ojos marrones y muy feo, pero seguía sin saber de quien se trataba.

-Oleg se enfadará mucho si me haces algo.

-Entonces intentaré que no se entere Oleg.-Y terminó su respuesta golpeándome en la cara.

Debí quedarme inconsciente hasta que una voz conocida me despertó. Era Jared.

-¡María! ¿Te encuentras bien?

Jared me miraba con sus grandes y bonitos ojos azules. No me había dado cuenta hasta ese momento de lo bien parecido que era. Seguramente en la tierra antes de que la crisis devorara nuestro planeta, antes de que las oleadas de gente enfurecida, con hambre y sed atacaran a cualquiera por una simple chocolatina o por una camiseta limpia, antes de que todo pasara, él había sido un mimado y poderoso rico, que conseguía todo cuanto quería y a todas las que quería no solo por el contenido de su cartera.

-¿Me escuchas María?

-¿Jared?

-Si soy yo, ya estas a salvo.

-¿A salvo? ¿Qué me ha pasado?

-Era un infectado. Pero ya estas bien.

-¿Cómo has podido salir de la jaula?-Le pregunté sorprendida.

-Me escapé con ayuda de Bradley. Te habíamos visto en peligro y teníamos que ayudarte.

-¿Bradley? ¿Y donde está? ¿Cómo…?

-Ahora no te preocupes por nada, ya estas a salvo.-Me interrumpió Jared-. Yo te he salvado.

-¿Has sido tú quien me ha salvado?

-Si, yo te he salvado.-Dijo Jared, ocultándome que realmente Bradley fue el que arriesgó su vida para salvarme. 

jueves, 22 de marzo de 2012

Día 16




-Aunque tengamos algún infectado entre nosotros os pedimos ayuda, no tenemos a donde ir.-Exclamó Jared.

-Os denegamos la ayuda. ¡Marchaos!-Gritó el hombre tras la reja.-Si no lo hacéis diré a mis hombres que comiencen a disparar.

-¡Un momento! –Interrumpí muy confiada.- Yo no haría eso. Nos necesita.

-¡Ja, ja! ¿Que os necesito?

-Si, nos necesita para salir de aquí.

-¡Tonterías! No sabes lo que dices chiquilla. Te habrás dado algún golpe en la cabeza. No me molestéis más.-Dijo alejándose de la verja.

-¡Tenemos la tarjeta electrónica!

El hombre se dio media vuelta y puso cara de asombro.

-Esa tarjeta.-Dije con voz pretenciosa-. Veo que sabe de lo que estoy hablando. Si quiere salir de este asqueroso planeta ha de hospedarnos en su bonito campamento.

-¿Y como sé que no mientes? Enséñamela.

-No soy ninguna tonta, si te la enseñara podrías arrebatármela y eso no va a pasar. La tarjeta está en un sitio seguro.

-Esta bien, os dejaré pasar.

Tras abrirse completamente las puertas, la persona con la que acababa de negociar acompañada de varios hombres salió al exterior, se acercó hacia mí y dándome la mano se presentó por primera vez-. Soy Oleg, bienvenidos a mi campamento.

-Mi nombre es María.

-Nos alegra que nuestra alianza haya sido posible. Yo soy el capitán Bradley.-Dijo el capitán acercándose a Oleg y brindándole su mano derecha.

-Solo hago tratos con la persona que tenga la tarjeta electrónica y es ella. Usted no me interesa por muy capitán que sea. A mi parecer el capitán de su grupo es María.

Bradley se puso colorado y bajo la mano avergonzado.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja……ja!- Jared no paraba de reír emitiendo grandes carcajadas y señalando al capitán descaradamente.

-¿Tu de que te ríes?-Preguntó Bradley a Jared ofendido.

-Me río de ti, ¡ca-pi-tán!-Jared continuó riendo.

-Aunque no me considere capitán lo sigo siendo y tendrá que tratar también conmigo.-Dijo Bradley en un intento de recuperar su dignidad y el mando.

Oleg asintió.-Puede escuchar lo que le voy a decir a María.

-Un momento.-Interrumpió Jared-. Tú serás el capitán de tu campamento del que sólo quedan vivas cuatro personas incluyéndote a ti. Del campamento Liberty quedamos muchos más y en el, el que manda soy yo. 

-¿Liberty? ¿Sois Estadounidenses? –Preguntó Oleg.

-Si.-Respondió Jared.

-Ya veo.-Oleg se rascó su barba gris de varios días-. Entonces solo dejaré pasar al grupo de María, no nos hacen falta americanos en este campamento. Por si no se ha dado cuenta de nuestra enorme bandera, somos rusos.

-Yo creo que todos somos terráqueos.-Interrumpí tratando de mediar en un clima muy tenso.- Hace tiempo que mi grupo, que no se como se llama porque nunca fue mi grupo, sólo me colé en su nave, y el grupo Liberty hicimos una alianza, así que ahora somos un único grupo, somos el grupo “Tierra”.

-¿El grupo Tierra? Que nombre más feo se te ha ocurrido.-Dijo Dany que se encontraba a mi lado.

-¿Y este quien es?- Preguntó Oleg, molesto al haber tanta gente presente en una supuesta conversación privada.

-Es Dany, es de mi grupo.-Respondí.

-¿Grupo? ¿De que grupo? ¿Liberty o del otro? 

-¡Noooo!, es de mi primer grupo, se coló como yo.

-¿Pero cuantos grupos hay? –Gritó enfadado Oleg.-¡No me importa ni cuantos, ni quienes sois, solo quiero la maldita tarjeta electrónica! Os voy a hospedar en la zona más cómoda de todo mi campamento, ¡las celdas de castigo!-.Oleg se dirigió a sus hombres y dijo.-¡Encerradlos!


Eran muchos así que no pudimos hacerles frente, nos encerraron en unas gigantescas jaulas como si fuéramos animales.

-¿Habéis visto lo que habéis hecho?

-¿Nosotros? Fuiste tú la que te inventaste ese rollo del grupo Tierra.-Dijo Jared.

-Pero si tú y Bradley no hubierais peleado como gallitos, hubiera llegado a un trato con Oleg.

-De todas formas nos iba a encerrar aquí desde el principio.-Interrumpió Bradley.

-¿Por qué dices eso? Preguntó Dany.

-Recordad que tenemos infectados entre nosotros, no nos iba a dejar sueltos por su maravilloso campamento.-Bradley miró de reojo a Dany.

-No es seguro que tengamos infectados,  yo no creo que…

-Ya escuchaste a Oleg.-Interrumpió Bradley a Jared-. Él lleva más tiempo en este planeta y estaba seguro de que tendríamos algún infectado entre nosotros.

-Me niego a creer en infectados.-Intervino Ramírez que había estado escuchando nuestra conversación.-Sabéis que hice la autopsia a aquella infectada y yo no vi nada anómalo que indicara tal enfermedad.

-La enfermedad existe, eso es seguro.-Indicó Jared.

-Entonces es indetectable. No hay forma posible de saber quien está infectado y quien no.

-¿Estas seguro de eso Ramírez?-Preguntó Bradley.

-Si.


Llevábamos pocas horas en la jaula cuando Oleg apareció acompañado de dos hombres armados.

-Quiero hablar con María. Pero esta vez a solas.-Dijo Oleg mirando a mis compañeros.

-No me parece bien.-Respondió Bradley.-Tú llevas hombres armados, al menos ella debería llevar a uno de los suyos como protección.

-¿Protección? Sois mis prisioneros.

-No importa, quiero hablar a solas con él.-Miré a los ojos al capitán y le susurré-.No me pasará nada.

Me llevaron al único edificio de dos plantas del campamento, en el que horas antes había visto salir de él gente con batas blancas. Parecía ser el centro neurálgico, el lugar donde realizaban toda su investigación sobre los infectados, donde coordinaban la seguridad del recinto y desde donde Oleg dirigía. Entramos en un bonito despacho, sencillo pero elegante, los sofás parecían de piel y el escritorio de roble. Las paredes estaban adornadas con fotos de Oleg en la Tierra, acompañado de grandes personalidades, muy conocidas e importantes.

Oleg despidió a sus hombres y me invitó a sentarme en uno de sus cómodos asientos de piel.

-Por fin podemos hablar solos.

-Así es.-Le respondí.

-¿Dónde tienes la tarjeta electrónica?

-¿De verdad cree que se lo voy a decir?

-Mandaré que te registren si es necesario.

-No se moleste yo no la tengo. Mire creo que va por mal camino. A mi me gustaría que ambos nos beneficiásemos de la tarjeta y podamos salir de este planeta.

-Pero si vosotros tenéis la tarjeta, ¿para que me necesitáis a mí?-Preguntó Oleg confundido.

-La tarjeta era de nuestro piloto Michael y sólo él sabía como usarla.

-¿Michael? Creo saber quien es.

-Era, porque ya ha muerto. ¿Usted sabe como usarla?

-Si. Me enseñaron a utilizarla, como a todo piloto. Solo los de mayor rango o estatus social o económico podían poseer una. Michael era un hombre muy valiente y poderoso.

-No pensaría lo mismo  si hubiera visto su forma cobarde de morir.

-Entiendo.-Oleg permaneció callado tratando de asimilar aquello.

-¿Que ha decidido?-Le interrumpí.

-Estoy de acuerdo con el trato. Yo te diré como usar la tarjeta para salir de este planeta y tú a cambio me dejaras usarla.

Una gran sonrisa se dibujo en mi cara, lo había conseguido.-Hagamos los preparativos de inmediato, cuanto antes nos marchemos mejor.

-Un momento. No puedo hacer eso.

-¿Por qué no?-Pregunté contrariada.

-No pueden salir infectados de este planeta. Contagiaríamos a otros. Cuando sepamos con seguridad quien está infectado y quien no, nos iremos.

-Pero, eso es imposible de saber.

-Entonces no nos iremos nunca. 

martes, 6 de marzo de 2012

Día 15



Los dígitos numéricos iluminados en el display led cambiaban a cada segundo transcurrido en una enigmática cuenta atrás. ¿Qué indicarían aquellos números? ¿Tal vez lo que me quedaba de vida? ¿O quizás las organizaciones secretas formadas en la Tierra albergaban otro turbio misterio?

-Tienes que deshacerte de eso, no puedes ir por ahí con una bomba.

-Esto no es una bomba, solo es un llavero. –Respondí a Dany.

-Ya y la cuenta atrás es para decorar, ¿no?

-Si fuera la cuenta atrás de una bomba, cosa que no sabemos, los explosivos no estarían en este diminuto llavero de plástico. Además el display tiene demasiados números, así que faltaría mucho para la puesta a cero y supuesta explosión.

-Es cierto que son muchos dígitos.-Dany se rascó la cabeza mientras echaba otro vistazo al llavero. No era la típica cuenta atrás de las películas con un retardo de horas o minutos, esta era una sucesión de cifras agrupadas y separadas por puntos, formando lo que seguramente fueran los segundos, los minutos, las horas y los días, siendo lo más extraño el campo de los días compuesto por nada más y nada menos que por tres cifras -. Es mucho tiempo para una cuenta atrás, tal vez años, pero aun así no me gusta ¿y si por llevarlo encima sin querer lo activas?

-Eso no va a pasar, no te preocupes más y camina.-Dije guardándome el llavero en el bolsillo del pantalón.

-¿Por qué es eso tan importante para ti aun sabiendo que puede ser peligroso?-Preguntó Dany señalando con el dedo mi bolsillo derecho.

-Si lo llevaba consigo el piloto Michael, es que era importante.-Respondí asintiendo con la cabeza.

-Deberíamos contárselo a los demás, quizás alguien sepa que puede ser.

-¡Ni hablar! Es un secreto entre tú y yo. No podemos contárselo a nadie.

-¿El que no podéis contar a nadie?- Nos interrumpió el capitán.

-Capitán Bradley que sorpresa, has vuelto a por nosotros.-Respondí asombrada.

-Nunca abandono a mis soldados. ¿Y cual era ese secreto?

-Ni somos tus soldados, ni te vamos a contar nuestro secreto, sino no sería un secreto ¿no crees?-Dije acelerando el paso.


Caminamos durante horas sin descanso. El sol era abrasador y el ambiente húmedo, sucio y pegajoso. Los pies me dolían por las rozaduras de un calzado inadecuado, una botas de montaña de invierno que robé del centro comercial cuando mi grupo de amigos aún era cuatro y no la mitad. Tras llegar a una zona rocosa que nos impedía el paso, no tuvimos más elección que continuar el trayecto por la selva, a pesar del peligro que eso entrañaba. Abandonamos la tranquilidad de las olas chocando en la orilla para adentrarnos en una angustiosa música compuesta por ramas en movimiento, ruidos inesperados y misteriosos, gritos y gruñidos de animales hambrientos y aleteos en los árboles de pájaros ansiosos por picarnos los ojos.

Marchábamos juntos, esperándonos unos a los otros, sin pausa pero sin prisa, examinando cada nuevo matorral o rastrojo con el que nos encontráramos y con las armas preparadas en la mano, dispuestos a usarlas al más mínimo indicio de peligro. La noche pronto caería pero seguíamos avanzando aprovechando los pocos rayos de luz que nos quedaban, era importante llegar al próximo campamento en el menor tiempo posible. Exhausta y con ganas de que el capitán diera la orden de descanso, un ruido cercano me hizo olvidar el agotamiento y llamó mi atención. Algo se movía al fondo del camino. La tenue luz hacía difícil la tarea de averiguar el origen de aquel sonido. Entorné los ojos y entonces lo vi. Era una niña pequeña vestida con un camisón blanco, sucio y roto. Abrazaba con fuerza un pequeño osito de trapo, mientras se deslizaba sigilosa y descalza por la arena húmeda. Pokito también se había percatado de su presencia y se acercó hacia ella. La niña miraba con ojos curiosos al perro quizás debido a su pelo largo y suave que le aportaba  un cierto aspecto de peluche.

-¡Allí hay una niña!- Avisé a mis compañeros.

Pero esta al darse cuenta de las numerosas miradas  que la observaban, salió corriendo. Yo salí tras ella, no podía dejar sola y perdida a aquella niña. Dany y Bradley me acompañaron en aquella loca y peligrosa carrera. Nos fuimos adentrando en la parte profunda de la selva casi sin darnos cuenta. Giramos a la derecha y luego a la izquierda, saltamos un tronco caído en el camino y subimos una larga cuesta, cruzamos un pequeño río y escalamos por unas piedras. Parecía que ya la habíamos alcanzado solo teníamos que volver a girar a la izquierda y… La habíamos perdido, la niña por arte de magia había desaparecido.

-¿Dónde está? – Preguntó Bradley.- ¿Alguien la ve?

-Se ha esfumado.-Contestó Dany.

-Creo que escucho algo.-Dije poniendo más atención al ruido-. Son pisadas, puede que aún siga cerca.

-No es la niña.-Susurró el capitán Bradley-. Son varias personas, estar atentos y en silencio.

El ruido era cada vez más fuerte y giraba alrededor nuestra, entrecruzándose y confundiéndonos. Nos estaban rodeando dejándonos sin posibilidad de huida. Las pisadas pararon repentinamente. Todo quedó en silencio, ni siquiera se escuchaban los gruñidos de los animales o el volar de las aves en el cielo.

-¡Corred! Gritó Bradley.

Le seguimos sin pensarlo, él era un experto y condecorado militar y no dudábamos de sus conocimientos y experiencia. Huimos durante varios minutos y a pesar de que parecía no perseguirnos nadie, el capitán seguía corriendo como si la vida le fuera en ello. Al girar a la izquierda en uno de nuestros muchos quiebros tratando de despistar a un perseguidor invisible, giré la cabeza hacia atrás. Un hombre con la ropa sucia y la cara manchada de sangre seca nos seguía. El susto me hizo mirar al frente pero la curiosidad logró que volviera a mirar atrás. Esta vez observé a otro hombre seguido de cerca por una mujer. Un grupo de infectados nos perseguían.

Seguí corriendo por el camino marcado por el capitán, vigilando a los infectados a cada momento. Nos estaban asediando, acorralando, nos estaban cazando. Mi mirada estaba más tiempo atrás con nuestros perseguidores que adelante con el capitán Bradley. ¿Cómo íbamos a escapar? ¿Cómo nos salvaríamos esta vez?

En una de mis muchas ojeadas hacia atrás tropecé con algo y me precipité al vacío. Noté una presión en mi brazo que me sujetó y me hizo chocar contra un muro. No había visto el final de nuestro camino, un enorme precipicio. Colgaba de un brazo, el cual sujetaba Bradley con las dos manos, mientras a duras penas intentaba no deslizarse clavando los pies y las rodillas en el suelo. Dany se acercó ayudar pero los infectados se le echaron encima arañándole y mordiéndole un brazo.

-¡Socorro! Me atacan. Es el fin.

-Dispara muchacho, defiéndete.

Pero Dany no podía apenas moverse y menos defenderse, los infectados le sujetaban con fuerza, estaba inmovilizado.

-¡Suéltame y salvaos! –Grité llorando, mientras Pokito ladraba nervioso al no poder ayudarme.

-¡No! Eso nunca.

-Si me sueltas podrás ayudar a Dany y puede que os salvéis los dos.

-¡He dicho que no! Un capitán nunca deja a sus hombres, ya te lo dije antes.

Bradley trataba de levantarme, haciendo fuerza con las rodillas, mientras escuchábamos los terroríficos chillidos de miedo y dolor de Dany. La arena dificultaba al capitán la tarea de rescatarme pero su gran estatura, sus ocho horas diarias de duro entrenamiento militar y mis cincuenta kilillos de peso dieron resultado y pude poner de nuevo los pies en el suelo. Yo aún estaba sentada asimilando que seguía con vida cuando Bradley sacó un arma del cinturón que le atravesaba el pecho. A pesar de la dificultad del momento debido al amasijo formado por hombres asesinos y Dany, pudo disparar de forma certera en la cabeza de uno de ellos, evitando que este mordiera el cuello de mi amigo.

Los infectados al oír el disparo, se abalanzaron ante su mayor peligro, Bradley, dejando en el suelo a un tembloroso Dany. El capitán disparó varias veces pero eran demasiados y tubo que retroceder pisando el borde del precipicio. Lo habíamos intentado o mejor dicho lo había intentado el capitán, porque nosotros no éramos de gran ayuda, pero era nuestro final. Seríamos comidos lentamente, dolorosamente, notando como nos clavaban en la piel sus afilados dientes, desgarrándonos la carne hasta llegar a los huesos y derramando nuestra sangre por doquier al seccionar las arterias. Tal vez alguno tuviera suerte y perdiera la consciencia  pero todo vaticinaba que nuestra muerte iba a doler. Cerré los ojos para no ver de cerca esas terribles caras ansiosas por mi jugosa carne y esperé mi muerte. Escuche varios disparos y los terribles gruñidos acercándose, más disparos y nada más.

Abrí los ojos y en donde tenía que haber asquerosos y malolientes infectados estaban Jared, John y Ramírez, que oportunamente nos habían salvado. Ramírez examinó y curó las heridas y mordiscos de Dany. Decidimos no contar a nadie lo ocurrido y vigilar a Dany de cerca por si se había infectado aunque con las reticencias de Jared y John, que preferían eliminarle por si las moscas. Nos unimos al resto del grupo en cuanto Ramírez le tapó con gasas las heridas a Dany y contamos una entretenida anécdota sobre como nos perdimos y Dany resbaló en una cuesta arañándose los brazos y las piernas.

La noche se nos echó encima y comenzamos a montar las tiendas para pasar la noche, pero los vigilantes del perímetro de seguridad nos interrumpieron dando gritos y muy nerviosos. Habían visto luz a poca distancia y eso solo podía indicar que el campamento estaba cerca. A pesar de la profunda oscuridad, decidimos caminar con linternas guiados por las luces. Según íbamos acercándonos, podíamos distinguir con mayor claridad el campamento. Altas rejas evitaban la entrada de animales o personas indeseadas y varios vigilantes caminaban armados recorriendo el alambrado reforzando la seguridad del campamento. Grandes focos iluminaban el interior, permitiendo visualizar un complejo entramado de casas de madera parecidas a las del primer campamento. Los niños corrían alrededor de una plaza, felices y seguros, sin miedo, ni preocupaciones. Varias personas con batas blancas salían de una casa de dos plantas, robusta y de mayor tamaño que las otras. Una vistosa bandera blanca, azul y roja, ondeaba en la entrada principal, indicándonos que aquel campamento era ruso.

-¡Hola, compañeros terráqueos!-Gritó Jared.-Queremos hablar con vuestro jefe.

Varios hombres armados se dirigieron a la puerta principal y nos apuntaron con sus armas.

-Solo queremos hablar.

-Nosotros no.-Dijo un hombre.

-¿Es usted el de mayor rango?- Preguntó Bradley.

-Si, soy el que manda aquí. ¿Qué queréis?

-Queremos hablar civilizadamente y si fuera posible unirnos a vosotros en una alianza.

-No aceptamos gente del exterior, podéis estar infectados. 

-Si estuviéramos infectados habríamos perdido el habla.-Indicó Jared.

-Eso es al principio de la infección, el proceso de transformación continua y el humano recupera el habla. Incluso hay casos en los que nunca pierden la voz. ¿No lo sabíais?

-No conocíamos dicha información. –Dijo Jared un poco preocupado.

-Aun así os puedo asegurar que mis hombres no están infectados.-Indicó Bradley-.Hemos tratado con esas alimañas y no pueden evitar controlar su instinto de comer carne, aquí no tenemos a nadie así.

-¡Ja,ja!- Se río el hombre.-Saben que no tienen infectados, que ilusos. Se nota que lleváis poco en este planeta. Ni siquiera nosotros sabemos con seguridad si hay infectados entre nosotros  a pesar de las inspecciones diarias y de este recinto de seguridad. Son listos y esperan el tiempo que haga falta, infiltrados entre nosotros, para atacar.

-¡Pero eso no puede ser!- Gritó Jared.

-Los hombres que nos atacaron en la selva planearon el ataque, nos rodearon y puede que hasta usaran a la niña para distraernos. Todo encaja.-Dijo Bradley.

-Pero eso, eso significa…-Tartamudeo Jared.

-Que puede que alguno de nosotros este infectado.-Continuó Bradley.

-Veo que ya lo habéis entendido.-Dijo el hombre tras la reja metálica.-Tenéis infiltrados entre vosotros.